Intervención en el Pleno. Moción de autonomía de León

Los leoneses felicitan al alcalde al terminar el pleno.
Votación de la moción León autonomía.
Votación de la moción por la autonomía de León.

Existentes diferentes razones por las que ahora, más de cuatro décadas después de la puesta en marcha del Estado de las Autonomías, la mayoría de los leoneses no comparten la identidad de esta comunidad: históricas, territoriales, geográficas, identitarias… Todas ellas válidas e independientes del paso del tiempo. Pero en los últimos años han aparecido además otras que lejos de solventar esta brecha territorial no han hecho sino agrandarla, De ellas las demográficas y las económicas son, sin duda, las más importantes.

 

Es indudable que es un leonés no se sentirá nunca castellano por una razón obvia. Porque no lo es. Y viceversa. Por más que la Junta de Castilla y León gaste millones de euros en crear una identidad, en reescribir la historia para hacerla común, por más que se intenten ocultar el leonés, el Reino de León o la historia de sus monarcas. Un leonés nunca se sentirá castellano. Lo cual, y mal que le pese a muchos, no quiere decir ni que se sienta mejor ni peor, ni que desprecie o menosprecie a nadie. Se siente diferente. Unido a un pasado y a un legado con raíces tan profundas que los años no han sido capaces de diluir como tuvieron que reconocer los redactores del Estatuto de Autonomía e introducir la birregionalidad de la comunidad en su preámbulo y la y copulativa que lejos de unir marca aquí la diferencia.

 

Este sentimiento siempre ha estado presente en la provincia y la respuesta negativa ante el mismo no ha hecho más que acrecentarlo. Los insultos y los calificativos de victimistas, localistas, populistas, rupturistas, interesados ante las voces o las personas que apelaban a esta diferencia no han silenciado el sentimiento. Las encuestas sociológicas así lo han mostrado siempre: los leoneses, zamoranos y salmantinos son, sin duda, los residentes en esta comunidad que más alejados de ella se sienten.

 

Unas políticas más adecuadas durante los cuarenta años de recorrido democrático no nos hubieran quitado el sentimiento identitario pero sí los argumentos diferenciales. Pero a la clara división a la que aludía al principio se ha unido un claro desarrollo que ha abierto más fronteras que las históricas o identitarias, las económicas, demográficas o logísticas.

 

Hace solo unos meses Alfonso Fernández Mañueco admitía, el primer presidente de la Junta en hacerlo, los desequilibrios territoriales de esta comunidad. Por supuesto, no admitía que el origen esté en las políticas implementadas por los sucesivos gobiernos de su partido, pero está íntrinseco.

 

Los leoneses felicitan al alcalde al terminar el pleno.
El alcalde, felicitado al acabar el pleno.

La Región leonesa ha sido la gran perjudicada por el desarrollo desequilibrado de una comunidad en la la mayoría de los leoneses ni quisieron ni debieron estar. La centralización abusiva, la radicación de todas las consejerías en Valladolid así como la ubicación del Parlamento Autonómico en la misma provincia condujeron al agravio. Un agravio que se ha reflejado en una pérdida demográfica que es, sin duda, el principal problema actual de la región leonesa y quizá el de más difícil solución,

 

Las proyecciones del INE son catastróficas Zamora perderá el 16% de su población hasta 2033, León el 12%. Frente a estas cifras, Castilla no superará el 7% de pérdida en ninguna de sus provincias. Unas cifras que unidas a las pérdidas ya consumadas no dejan esperanza si no se actúa con rapidez, El 82% de la población perdida en la comunidad se concentra en la región leonesa, más de 150.000 habitantes entre León, Zamora y Salamanca mientras que en el resto de la comunidad la perdida supone poco más de 32.000 residentes.

El cierre de la Vía de la Plata, el desarrollo de una red cylog a espaldas de la región leonesa, el desarrollo de la red de infraestructuras a dos velocidades, la apuesta por sectores como el automovilístico sin presencia en la región leonesa han llevado a que la diferencia en el PIB ha pasado de 2.300 a 4.000 euros en dos décadas, una gran diferencia que quizá otros alcaldes obcecados no quieran ver como relevante. Actuaciones como las marcadas por los distintos gobiernos del PP, declaraciones como las de algunos alcaldes, presidentes de Diputación vallisoletanos o las más recientes de la vicepresidenta de Cecale asegurando que hay que “apostar lo que funciona e invertir en el eje Valladolid, Palencia y Burgos” avivan desigualdades y alientan a la movilización.

Las tasas de mortalidad, natalidad o  envejecimiento, derivadas de este desarrollo económico y demográfico son también claramente desfavorables para la región leonesa. León ha pasado desde 1983 de una tasa de 22,7% de mayores de 65 años a ser la región más envejecida de Europa con un 27,3%, siempre por encima claramente de Castilla. También ocurre con su tasa de paro que ha pasado del 12 al 13% pese a la pérdida demográfica.

Las tres provincias de la región leonesa tienen las tasas más bajas de actividad y de empleo de la comunidad, con diferencias de más de siete puntos respecto a las provincias castellanas. Zamora, por ejemplo, está a ocho puntos en actividad de Valladolid, a diez de Segovia, y repite la existencia de grandes distancias en cuanto a la tasa de empleo, a doce puntos de Soria, por ejemplo.

 

Además, el 44% de los nacidos en León residen fuera de la provincia (más de 52.800 leoneses censados en el extranjeros y más de 208.000 en otras provincias), lo mismo ocurre en Zamora (22.359 la segunda población más grande de la provincia residente fuera de España o Salamanca, con 34.000 nacidos en el extranjeros. Y, estoy seguro de que compartirán todos conmigo, que en la mayoría se trata de una migración forzada por razones económicas y laborales.

Hace solo unos meses en esta sala explicaba que muchos de los problemas de la región leonesa están radicados en el reparto de los más de 153.000 millones de euros de presupuestos distribuidos desde la Junta. No es la única razón pero sí la más importante.

 

Detalles como, por ejemplo, el reparto de las unidades de referencia sanitaria en la comunidad ya denotan este desequilibrio. León solo es centro autonómico para cinco procesos mientras Valladolid aglutina 42 de 54 y mientras se aglutinaban unidades en estos centros vallisoletanos, León, Zamora y Salamanca perdían unidades o esperan, desde hace años, la puesta en marcha de servicios esenciales que obligan a largos y penosos desplazamiento  a los enfermos de la región leonesa. Unos pacientes que, por supuesto, sufren las mayores tasas en las listas de espera de la comunidad.

 

De ahí, como decía, casi cuarenta años de estado autonómico no nos han quitado ni el sentimiento ni los argumentos.  La reforma de la Constitución a la que estamos claramente abocados será la oportunidad para la región leonesa. Vamos pues, a prepararnos para esta reforma, estudiando todas las vías que nos permiten, como reconoce el título 8, la capacidad de autogobierno y autonomía para las regiones históricas.

 

El reconocimiento, en julio de 2018, de León, Zamora y Salamanca como región leonesa por parte del Senado muestra, además, que la región histórica sigue siendo un ente geográfico histórico válido y no un invento ni una entelequia.  Válido y con tanta vigencia como para poder tener abierta la vía de la autonomía en una Constitución, siempre dentro de ella de la que nunca hemos renegado, que deja abierta la posibilidad.

 

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