La opinión de la semana: De héroes y villanos

José Antonio Diez en una comparecencia ante los medios.
José Antonio Diez en una comparecencia ante los medios.

Emilio Gutiérrez se viste su capa de héroe, viaja hasta Madrid en coche oficial (no en Alta Velocidad porque desde León no hay, por si no se acuerda) y vuelve para León con otro gran acuerdo. Adif recula (qué verbo tan feo) y ordena retomar las obras de Feve. Eso sí, en letra más pequeña (y hablando con la concejala ya) se negocian recortes, retrasos y demás zarandajas.

Dos años y medio lleva Emilio Gutiérrez tapado con su capa de súper-alcalde. Intentado ocultar bajo ella, y bajo grandilocuentes titulares, que no ha gestionado más allá que los recortes. Una sola obra municipal ha podido inaugurar en este periodo: la sustitución de adoquines en José Aguado. Pobre bagaje para un súper-alcalde rodeado por una corte de aduladores    que poco más pueden hacer que recoger sus exabruptos contra la anterior corporación aunque sea al hilo de un crédito que supondrá el pago de 272 millones de euros o al hilo de una resolución judicial que desmonta toda una denuncia por mala gestión contra el anterior equipo de gobierno que Emilio  Gutiérrez, con su técnico de cabecera, instrumentalizó para parar una oposición, manchar a sus compañeros y, por supuesto, hacer méritos ante su partido.

Todo sirve para presentar al regidor estrella como el pequeño y necesario salvador de un ayuntamiento que encontró en quiebra (qué les pregunten a Morano y Amilivia cómo lo dejaron) y que va a entregar aún más endeudado; pero eso sí, sin haber hecho otra cosa en cuatro años que privatizar unos servicios, cerrar otros y hacer el resto prohibitivos para la mayoría de los leoneses. Habrá un puesto para él, aparte de en el cielo, en un consejo de administración de un banco. Ha hecho méritos suficientes pagando todo lo que resta a los leoneses a las entidades que tanto aprecia.

Cuando ante las urnas a Emilio Gutiérrez le quiten el disfraz veremos que es el villano de todo comic, ese que muestra el colmillo y al que se ven entonces todos los defectos. Soberbio y distante en el trato, ausente ante las asociaciones de la ciudad, sumiso ante su partido y, por supuesto, mal gestor. Ese villano siempre derrotado por la realidad y la justicia.

 

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