La opinión de José Antonio Diez: Fusión o fisión

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“No ha habido fusión con más sinsentido”, explicaba esta misma semana el representante de Comisiones Obreras en el Banco CEISS en referencia a la unión-integración-absorción de esta entidad en Unicaja. Y es que cada noticia que nos llega, desde que la Junta decidió cómo debía realizarse la reestructuración del sector financiero en León,  es kafkiana y esperpéntica, y nos llevaría de la sonrisa a la carcajada si no fuera porque hay miles de familias en el paro, cientos de millones perdidos y, por supuesto, más de 1.500 millones que todos los ciudadanos deberemos pagar de una u otra forma.

El consejero Villanueva y el presidente Herrera decidieron poner “orden” en el sistema financiero autonómico y crear “un músculo financiero” para dar “impulso a la comunidad”  y «coordinar las decisiones estratégicas en materia industrial, pero siempre con una preponderancia para las ideas que generen riqueza y atraigan capital a Castilla y León. Tanto impulso le han dado a este sistema que ahora, cinco años después, los ciudadanos creemos que se han dinamitado unas entidades que, con sus más y sus menos , funcionaban y cumplían con las necesidades de los pueblos leoneses.

Ahora, cinco años después, tras insuflar tantos millones en Caja España que hasta el Ministerio de Economía ha perdido la cuenta, pero que, según los medios, son más de 1.530 millones de euros. Y lo digo en leonés, más de 254.000 millones de las antiguas pesetas. Tantos millones como en el resto de las entidades afectas por estas fusiones amparadas por la Junta lo que tenemos los leoneses es una “redimensión” de la entidad leonesa por antonomasia. Redimensión que en leonés se traduce en más de 1.500 despidos realizados, (un tercio de la plantilla de Caja España-Duero), el cierre de más de 300 oficinas, y el proyecto de un nuevo ajuste que conlleva 167 despidos y el desmantelamiento de otras 14 sucursales.

Al final, la fusión que salvaría el músculo financiero de la comunidad se ha convertido en una fisión, la rotura del núcleo de un átomo, con tal liberación de energía que se ha llevado en un tsunami todo lo que había a su alrededor. Entre ello más de un millón de cuentas bancarias adscritas a la antigua Caja León, cien años de historia, arraigo, territorialidad, inversiones y, por supuesto, empleo.

 

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