Sí. Hay palabras: dolor, rabia, sinrazón

Sí. Hay palabras para definir todo lo que hoy sentimos. Dolor, rabia, perplejidad, impotencia, solidaridad. Hay cientos de palabras para explicar por qué el atentado de Barcelona nos ha tocado tan fuerte. Quizá porque nos ha recordado los cientos de atentados que ya sufrimos. Quizá porque en un segundo hemos vuelto a Madrid en 2004, a Nueva York en 2001, pero también a la terminal de Barajas, a Hipercor o a cualquier casa cuartel o calle del País Vasco… Nos ha devuelto a un 22 de diciembre en la avenida Ramón y Cajal, a unos metros solo de aquí. Quizá porque recordamos las dolorosísimas imágenes de Niza, París, Bruselas, El Cairo, Kabul, Boston… Quizá porque ayer hemos sido conscientes de que hay miles de ubicaciones, que cualquiera es posible, pero que el dolor, la rabia y la impotencia son iguales en todas ellas.
Quizá porque en cada una de esas víctimas vemos una historia de vida truncada, que nos irán contando según pasen los días, pero que nos hará pensar que todos podemos ser víctimas, que todos somos víctimas de esta barbarie, de esta sinrazón.

El silencio hace aflorar esos sentimientos que unos malnacidos siembran en una ciudad, en un país, que hasta las 17.20 estaba tranquilo y hoy está roto.  Ninguna muerte es justificada, pero menos aún aquellas que se producen con violencia, amparados en unas creencias que lo último que justifican es un asesinato vil. 13 asesinatos viles. Miles de asesinatos de inocentes que tuvieron la desgracia de estar allí cuando un asesino, portando una bandera en la que se escuda, tras la se esconde y justifica, decidió que era hora de quebrar un país. De matarnos un poco a todos.

Hoy hemos de recordar a las víctimas de Barcelona. Con dolor, con mucho dolor, rabia y solidaridad pero también con fuerza y determinación. No pueden ganar. No pueden quebrarnos.

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